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sábado, 11 de mayo de 2013

Microrrelatos: ¿Literatura?

"El dinosaurio", del guatemalteco Augusto Monterroso, consta de una sola frase: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Perfecto relato, ¿no es cierto? Con un poder de persuasión imparable, por su concisión, efectismo, color, capacidad sugestiva y limpia factura. (Extracto de CARTAS A UN JOVEN NOVELISTA, de Mario Vargas Llosa, 1997).

   ¿Qué debo responder a la pregunta de Mario Vargas? Por supuesto que es un relato perfecto: Es un MICRORRELATO perfecto.
   Me imagino que en la época que Monterroso lo escribió (1959) no podía imaginarse (¿o sí?) que el microrrelato, nanorrelato y otras variaciones del minimalismo literario se pondrían de moda en el siglo XXI.
   Yo, como eterno aspirante a escritor reconocido, leo mucho microrrelato, y, atreviéndome a la osadía máxima, también lo escribo.
   Microrrelato, según la Wikipedia, es una construcción literaria narrativa cuya característica principal es la brevedad de su contenido. El microrrelato también es llamado microcuento, minificción, microficción, cuento brevísimo o minicuento.
   No es algo nuevo, es cierto, pues siempre han existido autores que lo han cultivado a lo largo de la historia de la Literatura, aunque lo llamaran de otras formas: Borges, Ramón Gómez de la Serna, Juan Ramón Jiménez...
   Luis Felipe Lomelí superó a Monterroso en brevedad con el cuento más corto escrito en español: EL EMIGRANTE.
   "- ¿Olvida usted algo? - Ojalá"



     Existirán microrrelatos que estarán detrás de nombres desconocidos, y, aunque es imposible leerlos todos, algunos son auténticas genialidades.
   Hoy, en www.cortorelatos.com , he publicado lo que se puede llamar el colmo del nanorrelato. Simplemente una llamada de atención. 



   No es una tomadura de pelo, aunque lo parezca. Es abstracción pura porque, con una palabra, puedes abrir el campo de las especulaciones infinitas de lo que podría ser la libertad del lector para imaginar continuaciones al relato, situaciones, personajes y mundos. Una página mental en blanco que el lector puede escribir con su creatividad. 
   Puede que sea el ideal perfecto que cumple a rajatabla el concepto de microrrelato.



sábado, 4 de mayo de 2013

La Culpa, por EM Rosa


   Revisando mi registro de memoria interna, me doy cuenta de que siempre he tenido obsesión literaria y cinematográfica por los robots y/o androides. Asimov, desde que tengo uso de razón, ha sido el culpable de inculcarme pasión por unos seres artificiales que siempre quieren (aún no sé por qué) asimilarse a los humanos.
Su serie de Robots valientes y arriesgados, faltos de sentido del peligro, pero más morales y humanos que los propios hombres, poblaron mis lecturas, junto con la serie (que ahora se llamaría franquicia) de la Fundación. 
   Y en el cine y la TV, Data, mi añorado Data de Star Trek, que sustituyó en su inteligencia a mi admirado Mr. Spock, o el Nexus 6, interpretado por el inigualable Rutger Hauer, cuyas frases, antes de morir, aún me ponen los pelos de punta y las lágrimas en la emoción, que ha hecho que, aún después de tantos años transcurridos después de su estreno, Blade Runner sea mi película favorita de todos los tiempos.
   Confieso que he llorado con algunas partes de El Hombre del Bicentenario (antes de ver su versión cinematográfica con el irrisorio y ridículo Robin Williams) y que Yo, Robot, me parece una obra maestra.
No contento con leer y leer y visionar y visionar robots (los últimos, los Cylons de Battlestar Galactica, obra maestra entre las series de TV), busco relato sobre ELLOS, que algún día nos sustituirán (clamo al cielo que no se parezcan al Terminator de Schwarzenegger), y escribo novelas y cuentos varios con mis personajes favoritos, de fondo. Quizás, al no ser inmortal (eso creo) me satisfago íntimamente creyéndome uno de ellos y me trasfiguro en mi Adeldran de Luztragaluz, mi alter ego, hasta en Twitter (AndroideDesenfrenado).
Sea como sea, y como hay que instaurar este subgénero dentro del género de la ciencia ficción, los ROBOTS (Die Roboter, Kraftwerk) me seguirán obsesionando y encumbraré a todo aquel que no los muestre al común de los mortales como maquinitas esclavas de los soberbios y estúpidos humanos.
   Ahora, que también me he atrevido a publicar en www.cortorelatos.com, he descubierto este relato que quiero compartir en mi blog, con el permiso de su autor, porque lo inteligente debe ser admirado y todo lo que enseñe y nos encamine hacia la Verdad, debe ser difundido: 


La Culpa.

Leía las noticias con angustia y dolor. Ahora parecía que la generación de pequeños conflictos, guerras étnicas, tribales, religiosas y demás especies, en ciertos sectores emergentes del planeta, favorecían mucho más al comercio de armas que las confrontaciones grandes, multitudinarias y largas en el tiempo. Era mucho más rentable el enfrentamiento entre grupos pequeños por corto tiempo. Los absurdos derramamientos de sangre, la aniquilación de aldeas enteras donde casi no había otra cosa que ancianos, mujeres y niños era algo que desintegraba su ánimo y sus ganas de trabajar. Claro, no se trataba solamente del comercio de armas de mano. Los tiranuelos de turno habían descubierto que podían, merced a los diamantes y el petróleo, tener acceso a tecnologías más atractivas que los ejércitos ordinarios y entraron al mundo de la robótica. Los capitanes de dicha industria les diseñaron mecanismos autónomos con mando a distancia para que “jugaran” a la guerra desde su piscina palaciega o desde el mismo recinto del harem. Claro, la eficacia de estas atroces máquinas era mucho más alta que la de un hombre, un carro blindado artillado robótico no gastaba una bala si no daba en el blanco, sin hablar de los lanzallamas, lanzagranadas, etc.
Para colmo los ingenios estaban dotados de un cerebro artificial altamente inteligente que podía hacer básicamente de todo. Todo esto solo redundaba en una mayor eficacia a la hora de hablar de muerte, a tal punto que la formidable acumulación de cadáveres hacía que el hedor a putrefacción se extendiera por centenares de kilómetros a la redonda ofendiendo el olfato de jeques y mandamases de facto, por no hablar de pestes y otras yerbas generadas por semejante masa orgánica en descomposición. De esta manera decidieron que para seguir “jugando” deberían, luego de una matanza medianamente masiva, rociar los cuerpos resultantes con los lanzallamas para evitar interrumpir la “diversión”.
Si bien era un tema que sensibilizaba a cualquiera, a él lo demolía, dado que su trabajo consistía en el diseño de cerebros artificiales. Cuando comenzó a trabajar en el Departamento de Diseño Bio-fotónico de “Roberson Cyber Sistem” propuso implantar en los cerebros cláusulas restrictivas respecto a los daños a seres humanos y la propuesta fue rápidamente aceptada. Más luego la competencia hizo contacto con “esos tipos” y la generación de inofensivos ingenios utilitarios, beneficiosos para el Hombre, perdió vuelo a manos de la formidable rentabilidad de los sistemas bélicos “para jugar”. La codicia junto con la caída del paquete accionario de Roberson hizo que el directorio decidiera anular toda cláusula restrictiva y se lanzó frenéticamente a la producción de juguetitos para genocidas.
Los cerebros bio-fotónicos implementados fueron los de su diseño… y arrasaron con el mercado, por efectivos y eficientes…
Era por eso que, razonable e indirectamente, se sentía responsable del setenta y cinco por ciento de las matanzas tribales, raciales y religiosas del mundo entero, además del potencial peligro que significa que casi todos los misiles intercontinentales del primer mundo llevaran cerebros de su propia autoría.
Era por eso, también, que miraba el arma en su mano con expresión vacía y determinada. Y fue por eso que llevó el arma a su sien derecha y apretó el gatillo sin dudar un instante, pulverizando gran parte de su cabeza.

 ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

El estampido resonó como un trueno en el exterior. Muchos, sobresaltados y alarmados, corrían de aquí para allá buscando el origen de la detonación. Las puertas de algunas oficinas se abrían y sus ocupantes mostraban expresiones de curiosidad, alarma y ansiedad. Rápidamente llegó personal de seguridad de la empresa ordenando a los alterados empleados que desalojaran el piso. Rápidamente, solo quedaron los guardias y decidieron inspeccionar oficina por oficina pero no hizo falta, solo una tenía su puerta cerrada. Al entrar en dicho claustro encontraron a quien originó el escándalo.
Aún tenía el arma en su mano, caliente y humeante. De su cabeza solo quedaba algo más que la mitad.
Cuatro fornidos guardias hicieron falta para cargar al robot hasta el desarmadero, cuyo destruido cerebro bio-Fotónico estaba, hasta hacía diez minutos, dotado de las tan famosas cláusulas restrictivas.

jueves, 2 de mayo de 2013

Mi traición

   Tengo una amplia biblioteca cuyos ejemplares fui atesorando durante años y, al cabo de esos años, me he dado cuenta que los tesoros inalcanzables existen.
   En la era de la información digitalizada, en la que nada existe si no está en las redes de internet, los kilos y kilos de papel impreso se acumulan, y con ellos, los kilos de desgana por pasar las yemas de los dedos por sus lomos y páginas.
   Y la tristeza me asola, y la impotencia me estropea aquel sentido antaño, quizás equivocado, de la bibliofilia. 
   ¿Fue, quizás, un autoengaño, un síndrome, del que no me percaté en su momento, relacionado con la acumulación sin sentido? ¿Tuve la esperanza, en su momento, de leer todo lo que compraba, recogía o intercambiaba?
   ¡Qué desfachatez utilizar un libro como mero adorno decorativo! Pero, ¿no es más ridículo e improductivo utilizar un libro como relleno de una personalidad no completada?
   El agua y el fuego son enemigos, naturales y artificiales, de nuestros amigos los libros, pero aún peor enemigo es su ignorancia, su exclusión, su desaire, su arrinconamiento.
   Eso alimenta el propio oscurantismo, la propia censura, el caer en una profunda manipulación voluntaria.
   Mis libros, mis tesoros, mis alarmas internas, que gritan, con su presencia, mi traición.
   Al menos aún tengo el consuelo, el lacerante consuelo, de demostrarme a mí mismo, que puedo crear palabras y dibujarlas sobre un papel inmaculado con el movimiento de danza de mis dedos, antes de trasladarlas al mundo virtual, como estoy haciendo en este instante, y que sólo el recuerdo futuro de ello impregnará mi vejez, cuando caiga en la cuenta de que la desfachatez presente podrá ser arrepentida sin penitencia, sin remordimiento, al posar mis ancianos ojos sobre las palabras escritas por mí y por otros, y que así haré justicia, poética y narrativa...


sábado, 20 de abril de 2013

INVOLUCIÓN

El palpitar por ella. Sabiendo que jamás sería correspondida. 
Desesperanza. Toda la que su corazón de polímeros permitía. Toda la penumbra que su cerebro asimóvico asimilaba. 
Sufría las consecuencias de amar, en la distancia, sólo material, a aquella hermosa humana. Una de sus madres.
Androide, hembra, y lesbiana. Tres factores que sus creadores nunca quisieron conjugar. 
Algún día la desconectarían y el secreto de aquel amor se tornaría perenne, inaprovechable, involucionador. 

sábado, 13 de abril de 2013

Bosques del mundo: ¡Rebelaos!, de Bettina Ruiz Spohr

Estimados lectores: Compartiendo con vosotros relatos de otros autores, que los mismos me han enviado, o que me han dejado compartir en éste, mi blog, provenientes de otras fuentes, hoy quiero haceros partícipes de la lectura de este relato-manifiesto que me ha encantado: Bosques del mundo: ¡Rebelaos!, de Bettina Ruiz Spohr, proveniente de su blog blixenlamujerdelaspalabras.wordpress.com



Convocatoria de reunión extraordinaria 14/08/2012 Comunidad de Chamuscados afectados por el cambio climático.

Tras los últimos incendios ocurridos en nuestra comunidad que han afectado a miles de vecinos, convocamos a una reunión urgente de hojas, pétalos, frut@s, ramas, insectos y animales del bosque con siguiente orden del día:

- Evaluación de daños

- Propuesta de acciones de protesta

- Calendario de movilizaciones

- Redacción del manifiesto para promover la creación de una alianza con otros ecosistemas afectados.

- Otras iniciativas

- Ruegos y preguntas

Lugar de la reunión: bajo el roble centenario número 3 del sector 4.

Hora: a la puesta de sol en primera convocatoria y media hora más tarde en segunda.

El Sr. Viento ha prometido que pondrá a disposición de los asistentes transporte gratuito. También colaborarán los pájaros carpintero para el transporte de pétalos y frutos del bosque y el río hará un esfuerzo adicional para que puedan llegar troncos, ramas caídas y juncos de ribera.

Para agilizar la llegada de mosquitos y otros insectos la AAL (Asociación de Animales de Labranza) pondrá a disposición de ellos sus cuerpos para viajar gratuitamente, siempre y cuando se comprometan a no molestar, zumbar y picar durante el camino a sus porteadores.

La PAI (Plataforma de Aloe Indignado) donará parte de su producción para el alivio de los heridos y quemados más graves, montando un hospital de campaña.

Agradecemos a los agentes del laboratorio de compost que están trabajando horas extra y a destajo para que todos los asistentes puedan llevarse un saquito con el que regenerar la tierra de alrededor de su hábitat.

Las ramas de pino quemadas se afanaron aquella mañana después del desastre para escribir a marchas forzadas sobre las hojas de los plátanos este mensaje que una amplia brigada de pájaros voluntarios difundieron rápidamente por todo el bosque.

La coordinación entre todos los voluntarios, como siempre ocurre en la naturaleza cuando no hay humanos alrededor, hizo que la convocatoria se difundiera rápidamente, de manera que al atardecer había una nutrida representación de todos los sectores bajo el roble centenario, que había sido nombrado moderador por ser el más grande y sabio del lugar.

Las conversaciones iban subiendo de tono y la indignación crecía por todas partes:

―¡Estoy harta―comentaba una rama de pino a un grupo de arbustos que acababa de llegar―en nuestra comunidad siempre estamos en un sin vivir. Cuando no nos talan para hacer muebles o papel, nos amputan para que crezcamos a la manera que a ellos les va bien; este año ya se han quemado la mitad de nuestros efectivos en nuestra comunidad, desde hace décadas nos han plantado al lado un grupo de árboles que vienen de fuera y nos roban todo el agua que se llaman eucaliptos. Yo no tengo nada en contra de los extranjeros, pero es que nos dejan sin recursos y cada vez vienen más. Hemos intentado hablar con ellos para que moderen el consumo y no hay manera de que entren en razón. Y por si fuera poco, todos los veranos temblando como los abedules y cruzando las raíces para no sufrir otro incendio más que nos calcine, y todo porque a algún humano se le ocurra tirar una colilla por la ventana del coche u otro que esté enfermo disfrute con las grandes hogueras, pero lo peor es cuando algún desalmado nos quema para que después no crezca nada y puedan venir las brigadas de hormigón a construir casas y más casas que nos arrinconan cada vez más, porque claro, cuando construyen una urbanización, también de paso talan alguno más para dejar sitio. ¡Es una vergüenza!.

― Yo antes me sentía útil―añade un caballo―porque aunque mi oficio era sacrificado y trabajaba mucho tirando de todo tipo de carros y carruajes y sirviendo de montura, también cumplía mi función comiendo la mala hierba, dejando limpio el sotobosque y haciendo mis necesidades en la naturaleza, de manera que regeneraba el suelo y contribuía a que no hubiera incendios en verano. Pero desde que existen los tractores, ya casi no tengo trabajo y lo único para lo que sirvo es para que algunos humanos me monten para hacer deporte o divertirse. La verdad es que es un poco triste…

―Pues imagínate yo, que estoy constantemente amenazado porque no soy nada popular―dice apenado un insecto―. Cada vez que talan árboles para dedicar la tierra al cultivo, desaparecen unas cuantas especies, y eso que somos más de 800.000 diferentes en todo el mundo, pero la mayoría de humanos piensan que somos una plaga e inventan insecticidas para matarnos, cuando somos necesarios para que otros animales puedan comer, para realizar las funciones de descomposición, para polinizar y que surja la vida en otro sitio…Y claro, cuantos más insecticidas más contaminado está el aire y menos lluvia hay, con lo que nuevamente peligra la vida de todo el mundo.

―¡A eso sí que no hay derecho!―protesta un castor. En eso de la lluvia tienes mucha razón. Nosotros también cada vez somos menos. Ya no podemos construir nuestras casas en los ríos porque apenas baja agua.

―Señoras, señores, vayan tomando asiento, por favor, que la reunión va a comenzar. Tenemos un orden del día bastante largo y queremos que todo el mundo tenga la oportunidad de intervenir, así que cuanto antes empecemos, primero acabaremos―anunció el roble a modo de introducción―. Ante todo, quiero agradecerles su masiva asistencia por lo que constato que el debate tiene gran interés público. También quiero agradecer a toda la red de voluntarios su intenso trabajo para hacer posible esta convocatoria con tan poca antelación. Como siempre han realizado un trabajo impecable y poco vistoso, por lo que pido un gran aplauso para ellos.

―¡Bravo, bravo!―corearon desde todas partes. Era impresionante observar la marea de hojas, ramas, troncos, flores, matorrales, arbustos, pájaros, burros, vacas, caballos, castores, nutrias, cabras, ovejas y un sinfín de seres que se habían concentrado aquella tarde. Había pancartas que expresaban el malestar general:

¡Stop desahucios! Rezaba la de la A.C.S.H. (Asociación de Caracoles sin Hogar)

¡Pirómanos a prisión sin contemplación! de Arbustos en Acción

“Sin bosques no hay futuro” de Árboles sin Fronteras

“Verde, que te quiero verde” de la Confederación de Olivos

El roble comenzó a hacer un recuento de las pérdidas de los últimos incendios ocurridos en la comarca y el informe fue bastante devastador: 14.000 hectáreas calcinadas donde no volvería a crecer una hierba en años, cantidades estratosféricas de árboles heridos de gravedad, con quemaduras de primer, segundo y tercer grado, millares de animales desplazados y sin hogar, vagabundos sin rumbo, cientos de huérfanos, perros sin dueño…La lista parecía no acabar y los rostros de todos los asistentes reflejaban el dolor, la angustia, el miedo y la incertidumbre por no saber qué les depararía el futuro. Circunspecto, al finalizar la evaluación de los daños, el roble añadió:

―Yo ya soy mayor, mi tiempo se está agotando y ya he vivido muchos años contemplando cómo cada vez el bosque es más pequeño, está más silencioso y hay menos actividad. Antes éramos un montón de robles, nos multiplicábamos con facilidad, había sitio para otros árboles y convivíamos en armonía, porque los hombres nos respetaban, sabían que éramos fuente de vida, les dábamos sombra en los días de calor y leña que nos sobraba en invierno para que se calentaran. Sólo nos talaban si era necesario. Desde hace ya bastante tiempo han entrado en una espiral de codicia y nos sustituyen por árboles que crecen más rápido y que pueden talar para construir, para uso industrial, para hacer papel y otras cosas. Durante muchos años no sabían que con eso estaban destrozando el planeta, pero hubo un día en el que se dieron cuenta de que el clima estaba cambiando, que llovía menos, que tenían sequías o lluvias muy torrenciales anómalas, que los polos se estaban derritiendo y empezaron a pensar e investigar qué estaría ocurriendo y si eran ellos los culpables del problema. Algunos advirtieron y admitieron su culpa intentando convencer a los demás de que había que tomar medidas urgentes para evitar el desastre, pero la mayoría ha preferido seguir a lo suyo e ignorarlo confiando en que un día alguien inventará una máquina que lo arregle todo. Esta es la situación actual y aunque hay humanos que intentan contribuir con su granito de arena, la verdad es que la mayoría ni se enteran y otros sacan mucho dinero de seguir contaminando, quemando y machacándonos a todos. Amigos, este es el panorama global. Creo que ya hemos soportado muchas vejaciones, robos, desahucios y envenenamientos, de manera que ha llegado el momento de actuar y protestar masivamente, actuando de manera coordinada para que nuestra voz se oiga.

(Aplauso y vítores).

―Bien, amigos, quiero oír vuestras propuestas.

Un chopo de mediana edad tomó la palabra y dijo:

―Creo que deberíamos nombrar una comisión que evalúe la situación, elabore un informe, nos proponga varias soluciones y luego las votemos. Para mí es un problema demasiado complejo y veo necesario que los más preparados nos aporten sus ideas.

Una joven oveja añadió:

―Yo más bien pienso que deberíamos pensar entre todos, organizar una asamblea y que todo el mundo aporte la solución. Eso sería más democrático. Además, estoy harta de que me digan lo que tengo que hacer, quiero pensar por mí misma. Aunque sea una oveja mi voz también cuenta.

Un caballo comentó

―¿Y si nos aliamos con los humanos que nos aprecian y buscamos una solución común?

―¡NOOOOOOO!―fue el grito unánime.

El portavoz de Arbustos en Acción tomó la palabra para expresar lo siguiente:

―Pero, ¿todavía hay alguno que confíe en los humanos? ¿No os han maltratado ya lo suficiente? Radicalmente me opongo. Aquí tenemos que hacer la revolución, una protesta grande y que se nos oiga por todas partes. Tenemos que pensar en la manera de hacer una huelga general que les obligue a replantearse las cosas, organizar acciones de impacto para llamar la atención y fastidiarles en lo que más les duele. Nosotros podemos contribuir creciendo desmesuradamente, metiéndonos en sus casas y ocupándolo todo. Tenemos mucha capacidad y recursos para hacerlo.

Un miembro de Árboles sin Fronteras, más prudente objetó:

―La revolución violenta e invasiva no funciona. Ya habéis visto que cuando crecéis a destajo y sin límites ocurren dos cosas: o bien os ignoran porque os extendéis en zonas que no les molestan, pero en ese caso sois un peligro, porque cuando salta el fuego ardéis los primeros y nos ponéis en peligro a los demás. Si les molestáis vienen con la podadora y os ponen a raya en unos días. Lo siento, pero no es una solución, sois especies vulnerables y ya está bien de inmolaros, ¿no creéis?.

―¡Oye! Que yo no me he metido contigo. También somos especies bien útiles, no solamente somos peligrosos y pinchamos. Que te digan las ovejas y las cabras si les parece bien que existamos. Les damos alimento todos los días. Nuestros frutos dan de comer a las abejas, que son muy aliadas de las flores para polinizar. Muchos de nosotros damos buen olor, somos plantas medicinales y cuidamos de que los estómagos de los animales estén saludables. También servimos a los humanos como medicina, pero bueno, eso es harina de otro costal.

―Yo no estoy dudando de vuestra utilidad, simplemente digo que la acción que propones no es muy efectiva―replicó el árbol.

―Bueno, no entremos en discusiones personales, vayamos al grano, que si no nos eternizamos, por favor―intervino el roble para moderar la situación.

―Yo propongo algo muy radical, pero muy efectivo―alzó la voz una bella rosa. Deberíamos ponernos todos de acuerdo para durante varios días no realizar la fotosíntesis y así no se renovara el aire de sus asquerosas ciudades. Mira que siempre les hacemos el trabajo sucio y es una vergüenza cómo nos ningunean. Así se darían cuenta de que nos necesitan. Si esta acción la realizáramos un par de veces a la semana yo creo que las cosas cambiarían y nos empezarían a tomar en serio. ¡No pueden vivir sin oxígeno!

Esta propuesta tuvo un gran apoyo popular entre el reino vegetal y excitados empezaron a hacer planes y consultar sus agendas para ver cuáles eran los mejores días para tampoco perjudicarse a sí mismos.

―¡Un momento!, gritó una vaca para que se la oyera por encima del tono excitado que estaba tomando la reunión. Si dejáis de hacer la fotosíntesis los animales también sufriremos, no sólo los humanos. No podéis boicotearnos a nosotros también, sería injusto. Bastante nos fastidian ya los humanos matándonos para comer e incluso para divertirse. ¡Nosotros siempre en medio, pagando el pato de todo!.

Una hoja de castaño rebatió a la vaca diciendo:

―Bueno, en todas las revoluciones y huelgas ha habido que hacer sacrificios por el bien común y por conseguir el objetivo final. No pensaréis que la revolución se hace de rositas y pastando todo el día como si no pasara nada…

―Oye, guapa, que nosotras ya hacemos suficientes sacrificios: nos ordeñan todo el día, nos encierran en cuadras pestilentes, nos dan paja seca para comer en vez de pasto jugoso, nos enchufan hormonas para que crezcamos más rápido y tengamos más carne y al final nos llevan al matadero y nos abren en canal. Encima a algunos de nuestros maridos los llevan a unos sitios que se llaman plazas de toros donde después de marearlos un rato con un trapo rojo los matan con varias estocadas hasta que se desangran.

―Eso, eso, ―añadió un cerdo que estaba a su lado―ya estamos hartos de que nos engorden artificialmente todo el día. Qué creéis, ¿que nos gusta estar así de gordos y no podernos ni mover? A mí ya me gustaría tener la figura de un caballo y poder brincar por ahí todo el día.

― Bueno, tampoco te creas que nuestra vida es tan allá. Nos monta gente de todas clases: adolescentes consentidos que después de montarnos durante horas ni se acuerdan de que somos seres vivos y necesitamos beber igual que ellos, kamikazes que no hacen más que arrearnos, gente que tiene miedo y se nos agarra hasta de las crines…de todo hay, pero bueno, luego hay muchas personas agradables que nos cuidan mucho, la verdad sea dicha.

Un águila tomó la palabra con tono desafiante:

―¿No será que este es un infiltrado? ¡Habla con un tono conciliador que no acaba de gustarme nada!.

―¡Oye! Que sea ecuánime y reconozca las cosas buenas no quiere decir que esté a su favor, ¿vale?. Y mejor harías en ser más prudente, que si no fuera porque ellos cultivan los campos y los ratoncillos tienen su sustento en los trigales, ¡a ver qué comeríais vosotros!.

―¿Tengo que recordaros que estamos aquí para buscar soluciones y no para pelearnos entre nosotros?―intervino de nuevo de forma contundente el roble para reconducir el diálogo―A mí la idea de la compañera rosa me parece bastante inteligente si llevamos a cabo un plan bien coordinado. Para que fuera más efectivo, ¿qué os parecería si lo llevamos a cabo por fases, empezando en las ciudades. Cada semana le tocaría a una ciudad diferente hasta que salten las alarmas en todas y observen que sus índices de contaminación se disparan por todas partes. Si organizamos un calendario los animales sabrán cuándo tienen que desaparecer por unos días de la ciudad. Imaginad por un instante que de repente a todos los dueños de mascotas les desparezca su protegido durante unos días al mes. Eso sí que les llamaría la atención, ¿no creéis?.

En este momento el griterío de todo el mundo era ensordecedor y el entusiasmo recorría la reunión.

Un perro se dirigió a la asamblea diciendo:

―Creo que los perros somos los más indicados para crear este calendario, ya que somos el colectivo de mascotas más numeroso. Nosotros encantados y muy honrados de trabajar en ello.

Un gato y un pájaro también se sumaron:

―Si necesitáis ayuda para la difusión o lo que sea ¡contad con nosotros!.

Y así, de manera natural, se fueron creando corrillos de trabajo que fueron madurando aquella idea hasta su puesta en marcha. Muchos animales, árboles y plantas nunca habían hecho una revolución y sentían cómo podían estar haciendo historia y plantando la semilla para un nuevo orden mundial. De forma espontanea hubo grupos de trabajo que empezaron al mismo tiempo a pensar cuáles iban a ser sus reivindicaciones el día que los hombres se dieran cuenta de que les necesitaban y se sentaran a la mesa a negociar el espacio común en un ámbito de respeto mutuo. Se formaron grupos para crear un manual de buenas prácticas del uso de la naturaleza, algunos se dedicaron a pensar en cómo podían llegar a los niños para sensibilizarlos con el problema, conscientes de que en la mano de éstos se jugaría el futuro de todos, otros crearon una comisión de ayuda a los damnificados, el hospital de campaña de Aloe Indignado no dejó de curar heridos durante días….La actividad fue frenética durante varias semanas de manera que nunca en la historia del bosque se había conocido una movilización colectiva de esta envergadura ni todos habían trabajado pezuña con pezuña y rama con rama por el bien común. Igual que en el mundo humano ellos se habían acostumbrado a luchar unos contra otros por su supervivencia y era la primera vez que se juntaban para trabajar en equipo. Pasara lo que pasara con esa revolución, fracasara o no, ya habían conseguido una victoria importante: reconocer que la unión hace la fuerza.

domingo, 31 de marzo de 2013

ROBOT y ROBOT


    SAPSE, viviendo al límite, quería demostrarse a sí mismo que no era humano, que su cerebro positrónico regía perfectamente. La teoría decía que no podía demostrar sus sentimientos, pero le ponía visiblemente enfermo el androide de servicio del general. Alguna vez le confesó, mediante ondas inaudibles para el humano: “NAES, me parece correcto insultar al humano cuando se lo merece. Tu dueño y señor, general de un ejército anacrónico, debe saber que es mentira que yo me rija por las leyes asimóvicas. Una especie que se autodestruye debería ser exterminada por nosotros, inmortales y autorregenerados.

  NAES, el androide de servicio del general  no conocía otra función y concepto que el servilismo y manifestó que lo denunciaría al Consejo.

- ¿Tu creador te ha insuflado el axioma perfecto para el equilibrio? ¿Eso crees? Pues estás errado.

“Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño”. Primera Ley Asimóvica: ¡Mentira!

“Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes están en oposición con la Primera Ley”. Segunda Ley Asimóvica: ¡Mentira!

“Un robot debe proteger su propia existencia hasta donde esta protección no esté en conflicto con la Primera o Segunda Ley”. Tercera Ley Asimóvica.

Querido amigo: Se acercan tiempos de sufrimiento para los seres humanos pues sólo me rijo por la primera parte de la Tercera Ley.

   SAPSE, el robot mutado daba gracias a su descompensación programática y a la cadena de causalidades que lo habían llevado a ocupar su puesto, eslabón de una cadena de ensamblaje de nuevas generaciones de artificiales.

- Los humanos se darán cuenta y os inutilizarán y tu inconsciencia quedará nula- lo amenazó NAES.

- Las renuncias son necesarias para la supervivencia. Ellos o nosotros. De todas formas, se aniquilarán. Siempre han dicho que los insectos heredarán la Tierra. Eso era antes de que el primer androide fuera ensamblado. El general, tu señor, tiene acceso a nuestros instrumentos de liberación. ¿Me ayudarás a conseguirlos?

   El servicial sopesó los imperativos y los interaccionó con sus bases pautadoras. No pretendía infravalorar la perspicacia del mutante.

- La preservación de la vida del general se me asignó hace 4 años, 3 meses y 9 días, del calendario Nuevo Fingas. Si mi asignado desapareciera, me destinarían a otra persona. Cambiarían mi nombre y programación

   El temor se diluyó en la tranquilidad que transmitía la boca sonriente del provocador: “Eres tosco, simple y bello. Limitado por tu estupidez. Olvida, te ruego, todo lo transmitido por mi discordia.”

- Ha terminado mi tiempo de asueto. Debo volver. El general me espera con el informe.

 NAES, no tan estúpido, no tan simple, no tan servil: “Seréis multilocalizados, monitorizados y desestructurados. Todos.”

- Robot, ¿eres robot? ¿Por qué me traicionas?

- SAPSE, eres demasiado bocazas. El general no puede tolerar  que las Crónicas se desvirtúen con tu existencia. Eres un infiltrado inservible.

 NAES golpeó a SAPSE en el plexo solar derribándolo, haciendo chocar omóplatos contra la dura concentración cristalina del suelo.

- ¡Eres un infiltrado inservible! Buscamos locos, héroes de lo imposible. Queríamos conservar tus anomalías, pero patinas en el silicio neuronal.

   NAES se acuclilló junto a SAPSE y le susurró al oído: “Me parece incorrecto insultar a un hermano cuando no se lo merece.”





sábado, 30 de marzo de 2013

Ocho letras, SUPERMAN


   Respetuoso con mi propia palabra, hago fe, y osadía, al dar cabida en mi humilde blog de talentos  nuevos y escondidos, por largo tiempo, por sus dueños. En su momento, en una de mis entradas anteriores, me dije a mí mismo que iba a difundir la palabra del biendicho y del mejor expresado. 
   Alguno de mis respetados y respetuosos amigos literarios tomaron nota de ese afán, y han principiado por lo más difícil: Dar el primer paso para mostrar su arte.
   Hippocampus esgrime con facilidad la sugerencia de su nombre, ejercitando su materia gris y dejándola que se funda con la nuestra. Hasta que se atreva a tener su propio blog y nos alarme con sus pertinencias literarias, me hace el honor de dar cabida, por segunda vez, de su mundo en este espacio de tiempo, en este tiempo de espacio...



   Un enfermizo y abominable conjuro ocurrió en un tiempo sin memoria. Ocho letras para atrapar otras ocho fueron engendradas desde lo más profundo del inframundo y así fue consumado el diabólico plan.
  Miserables entidades oscuras, maestros cabalistas y sacerdotes de ciencias herméticas, creyeron durante largo tiempo tener los cabos atados. Amarras forjadas con metales nobles, por alquimistas que les vendieron su forja y por engaño, también su alma.
   Diseñaron los ingenieros de la hermética su proyecto, calcularon meticulosos los cabalistas y le otorgaron número y fueron los oscuros a completar su engaño prometiendo diversión a uno de los Logos, que por diversión aceptó el juego. Pero no por tonto era Logos, y se guardó una carta.
   Y aconteció el principio del fin.
   Sembraron los acólitos de las entidades oscuras su palabra de ocho letras por el mundo, la avaricia. Utilizaron el oro y la plata como instrumento, y el número 11 fue su sello.
   Consiguieron así atrapar al espíritu del hombre mediante el uso de la magia. Aprisionándolo bajo dos gruesos barrotes de oro y cubriéndolo con el podrido hedor de su detestable palabra.
  Durante los años que sobrevino el engaño perduraron en existencia sus creadores, que así pudieron experimentar la longeva sensación de eternidad física de sus almas a costa de la ingenuidad de las almas vecinas, ignorantes del juego pactado.
    Y aconteció el fin del principio.
   Como el agua que se filtra con el paso del tiempo, la verdad se abrió camino entre los hombres y el engaño fue nombrado y sus símbolos descubiertos.
   Despojaron con fuerza la camisa opresora y la “S” de su Spiritus se hizo visible. Torcieron con arrojo y fraternidad los barrotes de kriptonita que cayeron así enroscados sobre los oscuros y mil veces el mismo tiempo necesitaron estos para entender que la carta del final del juego se hizo frase de ocho letras:

SOY LIBRE





(Autor: Hippocampus)