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jueves, 6 de febrero de 2014

Degradado




Aquel espejo no reflejaba su imagen.
Se miraba a los otros ojos, lacrimosos y enrojecidos, y no se reconocía en los reflejos distorsionados por el alcohol, el maldito engañador.



lunes, 3 de febrero de 2014

Involución



   El palpitar por ella. Sabiendo que jamás sería correspondida.
   Desesperanza. Toda la que su corazón de polímeros permitía. Toda la penumbra que su cerebro asimóvico asimilaba.
   Sufría las consecuencias de amar, en la distancia, sólo material, a aquella hermosa humana. Una de sus madres.
   Androide, hembra, y lesbiana. Tres factores que sus creadores nunca quisieron conjugar.
   Algún día la desconectarían y el secreto de aquel amor se tornaría perenne, inaprovechable, involucionador.






domingo, 2 de febrero de 2014

Hibernación


Lo primero que pensé cuando me desperté fue ¡vaya uñacas!



Embalse

No me muevo del terrible margen de la pasividad. Dejándome hacer y que otros hagan por mí. Con ninguna esperanza, sentando las bases para una tentación de la omnipresencia, y de la vil omnipotencia, que todo contamina, corrompe y disgrega. Inapetente de otros sabores y olores que no sean los propios de un mundo inodoro e insípido. Y con mi infinita impaciencia para que todo cambie. Para que mi memoria se rebase y arrastre la inmundicia de la vida inmerecida, embalsada y embalsamada con el tiempo desmerecedor de nuevos futuros.


sábado, 1 de febrero de 2014

Vinagre asesino

Estupefacto.
El ácido casi me agujerea el estómago.
Ésta ha querido matarme.

-¿A qué viene eso?  Porque si te lo hubiera hecho con limón, no sería gazpacho: Sería crema de tomate o algo por el estilo. Tú ni siquiera te cocinas un huevo frito. Si no es por mí, te morirías de hambre.

-¿Alguna ensalada, quizás? ¿Por qué gazpacho?

-Me pediste algo fresco y alimenticio. ¿Qué hay así, aparte de mi amor?




Relativo



El impacto fue brutal, apocalíptico. El de la Tierra contra el Asteroide.



Persuasiva


   Rose Mary Lutman me atrajo hacia sí y me susurró, al mismo tiempo que me maldecía con su mirada incendiada en ira contenida, una muerte predicha, pero no por ello más esperada.
   Y después carcajeó cuando quebré las articulaciones de mis extremidades, en una caída inverosímil, tan cierta como la pérdida del conocimiento de esta parte de la vida.
   Y recordé, antes del apagado de mis neuronas, los avisos fantasmales, llenos de supersticiones inapropiadas, de que nunca, bajo ningún concepto, me dejara embelesar por la inteligencia de una bruja.