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miércoles, 29 de octubre de 2014

Globalizando


Él, el Amo, envidiaba las posesiones del que menos tenía.
Y a mí, otro más de sus siervos, me explotaba con saña.
Y la gran arcada me sobrevino. Y me acució a actuar. Pero, antes, pregunté, para intentar perdonar:
-¿A cuántos kilos de humanidad está dispuesto a fagocitar?
Y él, el amo, volvió a burlarse:

-¡Edmundo! ¡Es el mundo tremebundo sin igual!


Sensación


Experimentó un dolor intenso, un espasmo en cada una de su células, cuando se veían ocupando el mismo espacio que las del otro.




martes, 28 de octubre de 2014

Consejo al que no harás caso

   Veo que te esfuerzas demasiado en comprobar que las cosas que te enseñan son una realidad palpable. Y no es así.
   Ellos, los que enseñan, meten en tu cerebro una serie de conocimientos que no sirven para nada. Lo importante es vivir con las intuiciones, las que te han sido dadas al venir a este mundo. Solo debes confiar en ellas. Todo lo demás se hace para encontrar el placer, el del sexo o el del poder, y son múltiples los caminos que llevan a él.
   Si sabes más, estás más cualificado en la sociedad y, por ello, realizas una función dada por un trabajo para el cual se te ha preparado. Este trabajo tiene como finalidad el conseguir dinero, dinero para sobrevivir o dinero para alimentar vicios distintos. Y para conseguir mujeres u hombres, si se está en la edad, o para conseguir poder, por no estar en la edad para conseguirlos por ti mismo.

   Yo te aconsejo, pues, que no caigas en esta degradación. ¡No aprendas!


domingo, 26 de octubre de 2014

Casi todo

   Tanzer era un hombre solitario, de pocas palabras, de pocas acciones, que se dejaba arrastrar por la corriente de sus prójimos.
   Había decidido  quitarse de en medio.
   Fue a la cocina a por un cuchillo. Pensó que cortarse las venas, de forma bestial, sería lo mejor. Sentiría su propia brutalidad y, en los primeros momentos de su muerte, saborearía, por primera vez, momentos de vida, la que se le iría escapando.
   Cuando se disponía a darse un tajo en la muñeca izquierda, llamaron a la puerta. Y la abrió. Y ella estaba allí.
   Cuan ridículo se sentía atendiendo a la desconocida con una hoja de acero de veinte centímetros en la mano.
  Yanil se mostró sorprendida por los ojos vidriosos de su interlocutor. Pensaba que se había equivocado de dirección. Y así era. Providencial fue su llegada, providencial fue su aparición ante la muerte.
   -¿En qué puedo ayudarle?- dijo Tanzer, con una lágrima surcando su pálida fisonomía.
   -¿Es usted el señor Ivan Ze?
   La invitó a pasar a su acogedora casa. Y cambió el cuchillo por un recogeterrones cuando puso el azúcar en sus cafés. Intercambiaron impresiones vitales como si se conocieran de siempre. Y olvidó lo que minutos antes había rondado por su martirizada mente.
   -Amor mío- le dijo ella a él-. Esto es un milagro. ¿Por qué he tardado tanto en encontrarte?
   -Amor mío- le dijo él a ella-. ¿Por qué he tardado tanto en buscarte?




Superhombre



  -¡¡¡Ante usted, ingenuo buscador de lo inencontrable, la razón de mi existencia... la razón de nuestras existencias, átomos en el mar de las galaxias que vagamos sin referencias de lo Absoluto!!! ¡¡¡Ante usted, lo que fue, lo que ha sido, lo que es y seguirá siendo!!! ¡¡¡Sin más palabras, ni conceptos ni fatuos propósitos!!! ¡¡¡Le presento a... El Superhombre!!!

   Ante los ojos, la magia, porque así definía el entramado fantástico que le rodeaba a diestro y siniestro, y para el que no conocía explicación. Aparatos formidables, efectos ópticos incoherentes, infinitos halos vibratorios, y más, mucho más de lo  inexplicable, enigmático, inconsecuente con la razón.



sábado, 25 de octubre de 2014

MagniciDios




Hemos decidido el deicidio.
Nosotros, los dejados de la mano de Dios.
Los elegidos por la desesperanza del mundo.