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viernes, 29 de marzo de 2013

¡Pobre loco!


   ¡Qué locura ésta en la que unos pocos pueden vislumbrar el conocimiento verdadero!
   Mil religiones, mil filosofías, mil ciencias. ¿Cuántas son flores que dan perfumes de conocimiento?
   Imagínate un bosque con altos árboles rodeados por altas verdes hierbas. Animales de todo tipo jugando con los rayos del Sol. Y tú allí respirando la pureza. Respirándote y sintiéndote. Integrado. Todo perfecto. Pero, ¿eres realmente feliz? Te preguntarás, en cualquier momento, por qué estás y por qué están allí. 
   Seguirá todo perfecto si la respuesta que encuentras en ti sea: Para amar, para amarme, para amarlos.
   Y yo te diré ¡Pobre loco! Ahora eres sabio. Tu dardo de luz ha dado en la diana de la verdad.
   Amor. Amor, Amor.
   Importante, sin lugar a dudas. Todo, sin lugar a dudas.



jueves, 28 de marzo de 2013

Un foco de luz


   ... Luz. Luz interior que se hace reversible y se muestra exterior.
   Si pienso en que tú tienes ganas de aprender, yo, un foco de luz, me proyectaré hacia ti.
   Imagínate mil personas vagando sin rumbo en una ciudad en la que les es todo dado. Nadie se compromete a doblar el espinazo por conseguir algo más. La comodidad es absoluta. Y los cómodos hacen escuela. Pero de entre ellos sale un hombre que se pregunta si debe de doler el rechazar lo fácilmente conseguido. Si debe de hacer sufrir el buscar la incomodidad de pensar por uno mismo y no seguir como borrego a los demás del rebaño. ¡Qué estúpido!
   “No estoy contento conmigo mismo. Todos seguimos pautas marcadas de antemano por unos pocos que deciden qué tiene que ser y qué no tiene que ser. Yo no estoy de acuerdo con no decidir por mí mismo mis propias pautas.”
   ¡Qué pobre desgraciado! Tiene de todo y no está conforme. ¿Por qué pensar? ¿Para qué pensar?
   “¿Y si existe algo más? Trabajar, comer, dormir, andar, hablar, reír, llorar, comprar, conocer, aceptar. ¿Y si existe algo más?”
   Seguro que no. Los sabios ya decidieron lo que es mejor para todos.
   Pero decidieron, ¿para quién?
   Para ellos mismos. Demasiados sabios egoístas.
   No te preguntes qué ocurre con los descarriados que aparecen de vez en cuando. Seré ingenuo pero quizás ellos sean los que van encontrando la Verdad.
   Tengo claro que viviré mil años, mil veces mil años, mil veces mil veces de años, y no conoceré esa Verdad, pero si no doy el primer paso…
   ¿Me engaño? ¿Te engaño?
   Sigue feliz siendo orientado en todo.
   ¿No me envidias?

miércoles, 27 de marzo de 2013

Inconmensurablemente


   Atormentado con la miseria humana, trato de encontrar una salida a las ilusiones que me he hecho sobre el modo de ayudar a los demás a afrontar sus, para ellos, irresolubles problemas. Confiando en mi voluntad para que me guíe a través de la incomprensión de los receptores de mis esfuerzos. No cejo ni cejaré en el intento. Siempre hay alguien que se da cuenta, a tiempo, de que existe esperanza para vivir a pleno rendimiento de acuerdo con uno mismo.
   Recuerdo que hubo un tiempo en que me atormentaba pensando en que mi vida seguía pautas mecánicas de supervivencia y que nada llenaría el vacío que en ella se había formado. Estar muerto o vivo debía de ser lo mismo. A punto estuve, en varias ocasiones, de probar esta hipótesis. Pero algo me decía que debía seguir luchando conmigo mismo para buscar los frutos de mi experimentación con el ejercicio del Amor.
   No sé cómo fue que, a punto de concluir el mundo, y yo con él, me pregunté por qué, entonces, estaba vivo ¿Para nada? ¿Vendré de la nada para acabar en la nada? Un sinsentido, sin duda. ¡Qué vano esfuerzo sería crear algo para no ser disfrutado!
   Decido, pues, que todo tiene un sentido, y que algo o alguien produjo ese sentido. Ya tengo un objetivo: Buscarlos a ambos. Pero no contento con ello, quiero que los demás hagan lo mismo. Es delicioso, inconmensurablemente magnífico, irse encontrando a uno mismo. Cuanto más me doy cuenta de quién soy, por qué soy y para qué soy, más ganas tengo de comprender a los demás, a los que recorren el mismo camino que yo, y a los que no, para que empiecen a recorrerlo.
   ¿Y después qué? Cuando me haya conocido totalmente, qué debo hacer. Y la respuesta es siempre la misma: Nunca llegaré a conocerme de verdad, porque el mismo hecho de estar haciéndolo me hace ir subiendo escalones de mi evolución interna, escalones que separan pisos distintos, que son también desconocidos para  mí, y así siempre, y así siempre. Y después, de vuelta a encontrar al prójimo.
   En verdad que es inconmensurablemente magnífico vivir. En verdad que es inconmensurablemente magnífico amar.
   Y ahora, que me conoces bastante bien, empezaré a mostrarte la Luz, una de tantas que es proyectada por uno de tantos focos de luz en el infinito espacio de la inmensidad…






domingo, 17 de marzo de 2013

Paranoide


Sin negar la existencia  de seres de otros mundos, cabe la posibilidad de que los llamados platillos volantes  sean vehículos de transporte temporal de humanos, es decir, si el desarrollo tecnológico sigue aumentando al ritmo actual, puede que en el futuro la especie humana esté increíblemente avanzada en este aspecto y que esos avances científicos insospechados puedan permitir al ser humano lograr uno de sus sueños más codiciados: Viajar en el tiempo.
¿Quién puede asegurar que no se logre realizar esta hazaña en el futuro?
Ellos, los extraterrestres, puede que lo hayan logrado y los humanos del futuro lo lograrán.
Los OVNIS no aparecen continuamente en nuestros cielos. ¿Quién sabe de dónde vienen exactamente?
No vienen de ningún lugar, vienen  de un tiempo. Eligen los humanos del futuro el momento adecuado para visitarnos porque sus experimentos puede que así lo exijan: Ellos están interesados en nosotros.
Ojalá esta hipótesis fuera una tesis, porque se aseguraría la subsistencia de la especie humana en un futuro que, desde nuestros días,  se ve como incierto, ya sea debido al miedo a la posible catástrofe nuclear, ya sea debido al miedo a la superpoblación.
(Razonamientos escritos en el año 1987, en plena efervescencia paranoico-conspiranoica)

De mí sería


Soy un mísero escritor en una mísera habitación. Tengo ideas miserables que sé que nunca, jamás, se harán palpables. Es mejor así. He destrozado infinitas veces las hojas manchadas de azul. La verdad es que a mis ahora posibles lectores esto os dará igual cuando seáis efectivos críticos de mi intento de literatura. Pero considero que debo avisaros del estado de ánimo que me envuelve ahora mismo. Para que no os plantéis cuestiones insolubles al faltaros mi criterio.

Mi hastío del estío


Cuando corres, sopla el viento.
Al correr, haces viento.
Y la gente insiste en decirme que el viento es único y que uno no puede crearlo.
Limítate a sufrir el calor y derrítete bajo el sol de justicia en el verano insoportable. Cada vez más insoportable.
Antes deseábamos que llegara para disfrutar de la vida, del descanso de las vacaciones escolares. Ahora, de mayores, deseamos que nunca llegue, y transmitimos ese miedo a nuestros hijos. La piel es la primera alarma y la muerte es la última llamada de atención.
Cualquier mínimo esfuerzo se convierte en un reguero de sudor caliente primero, que te baja por la nuca, haciéndote sentir escalofríos cuando toca la espalda ya helado.
Me transformo en un papanatas que busca la sombra más duradera y que provoca corrientes de aire casi tan mortales como el hervimiento del cerebro.
Las manchas solares se trasladan a través del espacio-tiempo y se acoplan en mi piel mostrando su reflejo cruel en estética y dolor.
Y si bebes demasiado líquido, lo pierdes en micciones, lo malgastas en cejas empantanadas que cuando rebosan te irritan los ojos, y el velo saldo te provoca la impotencia de la ceguera instantánea.
Casi mejor dejar pastosa la lengua, que para lo que hay que decir es preferible dosificar los buches de agua y observar los orines cada vez más oscuros, más densos, más preocupantes.
Y el alivio, cuando corres. Así es. Cuando provocas el viento, aunque el aire no sople.

sábado, 16 de marzo de 2013

Rabia

La incógnita me provocaba una incertidumbre indescriptible... la posibilidad me envenenaba la mente.
Rabia.
El desconocimiento me provocaba los pensamientos más horribles, la rabia más profunda y la ira más oscura. Ya no estaba solo. Estaba yo y...
...Él.
Me miraba con todo el odio y el fuego del infierno en sus ojos... Me invitó al mal, a lo más sucio y maligno que tuviera en mente...
Me desperté.
Los rayos del sol y el frío de la sangre ya derramada vislumbraron la locura en mi...  Mente atormentada y desquiciada. Por fin, despierto, vi que la víctima yacente en el suelo era nada más y nada menos que...
Y me di un beso en la frente, ya sin vida y me fui.
Sólo te cuento esto, porque no quiero que los tormentos que surjan en tu mente sean los responsables de tu perdición, de perder lo que amas...



Erik Harkley: Autorretrato
(Autor: Erik Harkley)