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lunes, 30 de marzo de 2015

¡Feliz sueño!




Que se apague la luz, que lleguen las sombras, pero no a tu sueño, que recargues el ánimo y las ilusiones y que seas, más que nunca, tú.


 

martes, 17 de marzo de 2015

viernes, 9 de enero de 2015

sábado, 11 de octubre de 2014

Nova



- ¡No me has dejado ver cómo mi padre...

Su abuelo le sonrió a la vez que hincaba su
rodilla sobre el frío suelo, para que el niño no tuviera que forzar el cuello para hablarle.

-... se transformaba en nova!

Antes de que otros reclamaran la atención de Insavik, le susurró al oído:

-Una nueva estrella hay colgada en el firmamento. Pero no es tu padre, hijo. Tú debes ser la nueva Luz.


(Dedicado a mi hijo, Iván Fernández Claudet,
Nova en el Firmamento de los Artistas)







domingo, 5 de octubre de 2014

Dos destellos



Gertrudis pensaba que estaba sola en el mundo porque nadie iba a visitarla, porque nadie la llamaba por teléfono, porque cuando hablaba nadie parecía escucharla. Hasta aquel día en que Gertrudis se encontró con un tal Pablo, un hombre poco hablador, que, sin embargo, le contó la pequeña historia de su vida. Al hacerlo de manera tan desinteresada, sin que ella le pidiera saber sobre su vida, Gertrudis empezó a confiar tanto en Pablo como en ella misma y poco a poco se dio cuenta de que no estaba sola en el mundo y de que su opinión contaba para las personas porque, como le confesó un día Pablo: “Si no tienes a nadie que te escuche ni a quien escuchar, nunca desperdicies la oportunidad de conocerte a ti misma. Y queriéndote a ti misma verás que también cuentas mucho para los demás porque la felicidad se reflejará en tu cara y en tus actos”.

Cuando Gertrudis lo comprendió, fue inmensamente feliz. Y Pablo, el señor poco hablador, fue su mejor amigo porque reflejaba esa luz que Gertrudis siempre quiso encontrar, y ella, empezó también a ser luz, una radiante y cálida luz.





jueves, 31 de julio de 2014

Sin retorno



La despidió con el pañuelo a través de la ventanilla, tal como lo había visto hacer en mil y una películas cursis. Hasta que dejó de verla. Hasta que la velocidad le obligó a subir la hoja de cristal. Solo, ensimismado, decidió que, como le esperaba un viaje muy largo, mejor se pasaba durmiendo la mayor parte del mismo. Hasta que le despertara el revisor u otro pasajero que quisiera compartir el habitáculo.

No había traqueteo ni sonidos ni humos. Todo muy tranquilo. Perfecto para soñar y dejarse llevar al próximo destino. Porque sabía de qué estación había salido pero no a cuál iba a llegar. La única pista que le habían dado, antes de partir, fue que cuando estuviera a punto de llegar, atravesaría un túnel, y que al final de ese túnel habría una luz tan intensa que, aunque estuviera disfrutando el más profundo de los sueños, se despertaría maravillado y sobrecogido por una paz inmensa.






martes, 11 de marzo de 2014

¡Vuelve! (Extensión de "¡Hazlo!")


Oscuro. Y mezclado con el sonido de su riego sanguíneo, el palpitar inmenso del sepulcro. Y de pronto, luz. ¿Ves? ¡Ve! ¡Y quédate ahí!



martes, 25 de febrero de 2014

Guiño

Entré tan despacio y confiado en el espacio que las estrellas se fijaron en mí 
y me guiñaron la luz.



jueves, 30 de enero de 2014

El Ser


   El Ser me inculcó un conocimiento inhumano, proveniente de más allá de las estrellas, impactante y trascendente, antes de partir a su nuevo destino, un lugar llamado Luz, en una partícula de mi cerebro.



lunes, 18 de noviembre de 2013

Pupilas




   No es que las palabras cayeran sobre
 el papel en blanco, 
es que estaban en él escondidas, 
y la punta de la pluma les abría paso a la luz, 
a la existencia de las pupilas.








jueves, 7 de noviembre de 2013

La eterna luz del Ser de Luz



   Me encaré al bodhisattva, con mis ojos fijos en sus labios, esperando la respuesta, que deseaba que nunca llegara, sonriendo por mi triunfo ante el público selecto, el que había absorbido su última enseñanza, de la que yo pretendía burlarme, y me quebré interiormente cuando sin mover un músculo facial me transmitió la verdad inconclusa sobre mi inexistencia.
   Al siguiente lapso desapareció, junto con los otros.


miércoles, 27 de marzo de 2013

Inconmensurablemente


   Atormentado con la miseria humana, trato de encontrar una salida a las ilusiones que me he hecho sobre el modo de ayudar a los demás a afrontar sus, para ellos, irresolubles problemas. Confiando en mi voluntad para que me guíe a través de la incomprensión de los receptores de mis esfuerzos. No cejo ni cejaré en el intento. Siempre hay alguien que se da cuenta, a tiempo, de que existe esperanza para vivir a pleno rendimiento de acuerdo con uno mismo.
   Recuerdo que hubo un tiempo en que me atormentaba pensando en que mi vida seguía pautas mecánicas de supervivencia y que nada llenaría el vacío que en ella se había formado. Estar muerto o vivo debía de ser lo mismo. A punto estuve, en varias ocasiones, de probar esta hipótesis. Pero algo me decía que debía seguir luchando conmigo mismo para buscar los frutos de mi experimentación con el ejercicio del Amor.
   No sé cómo fue que, a punto de concluir el mundo, y yo con él, me pregunté por qué, entonces, estaba vivo ¿Para nada? ¿Vendré de la nada para acabar en la nada? Un sinsentido, sin duda. ¡Qué vano esfuerzo sería crear algo para no ser disfrutado!
   Decido, pues, que todo tiene un sentido, y que algo o alguien produjo ese sentido. Ya tengo un objetivo: Buscarlos a ambos. Pero no contento con ello, quiero que los demás hagan lo mismo. Es delicioso, inconmensurablemente magnífico, irse encontrando a uno mismo. Cuanto más me doy cuenta de quién soy, por qué soy y para qué soy, más ganas tengo de comprender a los demás, a los que recorren el mismo camino que yo, y a los que no, para que empiecen a recorrerlo.
   ¿Y después qué? Cuando me haya conocido totalmente, qué debo hacer. Y la respuesta es siempre la misma: Nunca llegaré a conocerme de verdad, porque el mismo hecho de estar haciéndolo me hace ir subiendo escalones de mi evolución interna, escalones que separan pisos distintos, que son también desconocidos para  mí, y así siempre, y así siempre. Y después, de vuelta a encontrar al prójimo.
   En verdad que es inconmensurablemente magnífico vivir. En verdad que es inconmensurablemente magnífico amar.
   Y ahora, que me conoces bastante bien, empezaré a mostrarte la Luz, una de tantas que es proyectada por uno de tantos focos de luz en el infinito espacio de la inmensidad…