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sábado, 11 de octubre de 2014

Nova



- ¡No me has dejado ver cómo mi padre...

Su abuelo le sonrió a la vez que hincaba su
rodilla sobre el frío suelo, para que el niño no tuviera que forzar el cuello para hablarle.

-... se transformaba en nova!

Antes de que otros reclamaran la atención de Insavik, le susurró al oído:

-Una nueva estrella hay colgada en el firmamento. Pero no es tu padre, hijo. Tú debes ser la nueva Luz.


(Dedicado a mi hijo, Iván Fernández Claudet,
Nova en el Firmamento de los Artistas)







martes, 10 de diciembre de 2013

N. R. F.


   Mientras me preparaba para irme a trabajar, dejé a mi hijo viendo la tele, para que se distrajera y no incordiara.
   Al cerrar el grifo, tras enjuagarme la boca, escuché unas carcajadas que provenían del salón.
   Acercándome a mi hijo, para acoplarle la minimochila y poder largarnos a la guardería, me fijé que sus risas se mezclaban con los gritos de angustia de una damisela, en la pantalla, que estaba siendo mordida por un zombi descerebrado. 
Caí, entonces, en la cuenta de que mi hijo era un N. R. F. (Niñito Rarito "Felís").


(Dedicado a Estela Tatiana, mi hija)





domingo, 10 de noviembre de 2013

Esclavo



   Un proyecto posible para una vida entera estaba fraguándose en su cabeza, en su cabecita, cuando sintió el calor y lo olvidó por unos minutos, que deseó fueran horas, hasta que le separaran de aquel manjar tierno y suave que era su madre.




miércoles, 2 de mayo de 2012

VIDA Y MUERTE


   ... Aquel calor que me envolvía me sería extraño diez segundos después, cuando la luz diera paso al reto del comienzo de mi vida. Intenté concentrar mis escasos sentidos en la oscuridad que me impregnaba porque tenía la certeza de que jamás volvería a disfrutar como lo había hecho en aquellos nueve meses.
   De pronto, unas manos tocaron mi cara y tiraron de mi cabeza como si quisieran separármela del resto del cuerpo, y cuando estaba dispuesto a chillar por el dolor, me di cuenta de que no salía ningún sonido de mi garganta, aunque de todos modos no hubiera servido de nada porque aquellas manos se deslizaron rápidamente hacia mi tronco y continuaron estrujándome, pero esta vez sin hacerme demasiado daño, porque era como si todo yo me estuviera deshaciendo de una segunda piel que me ciñera con su líquido viscoso.
   Y la calidez, que suponía eterna, dio paso al frío desalentador del aire aséptico que me circundaba. Durante milisegundos odié aquella sensación de caída al vacío, pero la piel rugosa de unos guantes me despertaron a la realidad, cuando una de las manos que envolvían chocó, en un estallido, contra mis nalgas. Y la rabia contenida en mí salió por mi garganta. Y el crujido de mis cuerdas vocales la transformó en un alarido quejumbroso.
   Ella nunca lo sabrá, pero logré verle los ojos, aquellos maravillosos ojos azules que se fueron acercando a mí con una sonrisa. Y al momento, de nuevo el calor. Y recuperé lo que me habían quitado. Mi madre me susurró algo a lo que nunca he logrado dar significado, pero cuya armoniosa entonación degusté como parte de su amor. En aquel mismo instante pasé de ser lo más importante en la vida de una persona a ser la provocación del último suspiro de la misma. Mi madre murió con una sonrisa dibujada en su rostro. Una sonrisa que me haría preguntarme años después si había deseado la muerte o se sentía dichosa de haber muerto dejando un testigo de su existencia. Lo que yo sé es que preferiría que ella siguiera conmigo compartiendo mis triunfos...